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LA LECTURA: UN PLACER OLVIDADO , RECREACIóN Y CULTURA SHARE
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"Un libro abierto es un cerebro que habla, cerrado un amigo que espera, olvidado un alma que perdona, d...


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"Un libro abierto es un cerebro que habla, cerrado un amigo que espera, olvidado un alma que perdona, destruido un corazón que llora" Anónimo
La búsqueda de lo placentero en el ser humano se manifiesta hasta en los detalles más pequeños. Por ejemplo, al elegir comer determinado antojo se anticipa en la mente el placer de estarlo saboreando; al decidir compartir un momento con alguien querido, se anticipa en la mente la sensación agradable que generará en nuestras emociones dicha convivencia. Si lo analizamos, en un ser humano normal, sin enfermedades emocionales serias, cada acto que realiza es motivado por un deseo de sentirse bien y disfrutar algo de placer.
Esa sensación agradable que tanto busca experimentar el ser humano puede ser de distintos tipos: físico (por ej., el disfrutar de un sueño reparador después de una jornada ardua de trabajo, o el beber un vaso de agua fresca cuando se padece mucha sed); emocional (por ej., el compartir momentos especiales con personas queridas); sexual (el tener una relación sexual gratificante con alguien amado), etc.
En este artículo en particular trataremos de un placer por muchos olvidado y, peor aún, por muchos no descubierto: el placer de la lectura. De manera directa la lectura influye en brindar un placer psíquico, ya que puede hacer vivir al lector experiencias únicas por medio de la imaginación, de la fantasía; le puede hacer vivir emociones de alegría, humor, miedo, amor, equilibrio, esperanza; asimismo, puede brindar conocimientos y ampliar la percepción al leer obras que son el resultado de investigaciones y análisis profundos.
Actualmente los ratos de ocio, en un alto porcentaje, son utilizados para ver televisión o emplear la computadora con fines de mero entretenimiento. Aunque el internet ofrece una gama amplísima de oportunidades de superación personal, la mayoría de las personas, en particular los jóvenes, utilizan la computadora para ponerse en contacto con las redes sociales; son horas y horas las que dedican a esta actividad.
Si preguntas a jóvenes y adultos cuántos libros han leído completos, no te sorprenda encontrarte con la respuesta de que ninguno o muy pocos. Tú, que estás leyendo este artículo, el mero hecho de que hayas llegado hasta aquí puede ser indicativo de que eres de las personas que sí pueden mencionar algunas obras que han sido significativas y que han aportado algo en su vida.
Si, por el contrario, también te sumas a los que no han acostumbrado leer, hoy es un excelente día para fomentar el hábito de la lectura; te invitamos cordialmente a que no prives a tu vida de la enorme riqueza que te puede proporcionar la lectura de un buen libro.
¿Qué te parece el siguiente fragmento? “Bolkonski escuchó todo lo que decía Napoleón, que se encontraba sobre él, escuchó la alabanza que Napoleón le había hecho, pero le interesaba tan poco como si una mosca zumbara por encima de él; le ardía el pecho, sentía que estaba perdiendo sangre y veía sobre sí el cielo lejano, alto e infinito. (En ese instante pensaba con tal claridad y veracidad sobre toda su vida, como no había pensado desde el día de su boda). Sabía que ese era Napoleón, su héroe, pero en ese momento Napoleón le parecía una persona tan insignificante en comparación con lo que sucedía en ese momento entre él, su alma y ese alto e infinito cielo con nubes que evolucionaban rápidamente por él. En ese momento le daba completamente igual quién estuviera a su lado, o quién hablara de él, estaba contento de que se hubieran detenido ante él y solamente deseaba que esas personas le ayudaran y le devolvieran a la vida que de tan diferente manera entendía ahora y que amaba ahora con tanta intensidad y que tenía intención de utilizar de modo tan distinto, si la fortuna le concedía esa oportunidad. Reunió sus últimas fuerzas para moverse un poco e hizo un débil movimiento con las piernas que le arrancó involuntariamente un gemido de dolor”. (León Tolstoy, Guerra y Paz). Seguramente imaginaste la escena, pero al mismo tiempo el contenido de este pequeño párrafo despertó en ti distintos sentimientos.
Prueba el siguiente bocado, ahora del poeta hindú Rabindranath Tagore: “-¿De dónde venía yo cuanto tú me encontraste? –preguntó el niño a su madre. Ella, riendo y llorando, le respondió apretándolo contra su pecho: “Tú estabas en mi corazón, como su ansia, amor mío. Estabas con las muñecas de juguete de mi infancia; y cuando cada mañana hacía yo la imagen de mi dios con barro, a ti te hacía y te deshacía. Estabas en el altar con el dios de nuestra casa; al adorarlo a él te adoraba a ti. Estabas en todas mis esperanzas y en todos mis cariños. Tú has vivido en mi vida y en la vida de mi madre. Tú fuiste viniendo, siglo tras siglo, en el seno del espíritu inmortal que rige el hogar nuestro. Cuando yo era una muchacha y mi corazón abría sus hojas, tú flotabas en fragancia a mi alrededor. Tu tierna suavidad floreció antes en mis carnes juveniles, como el color en el oriente antes de salir el sol. Primer amor del cielo, hermano gemelo de la luz del alba, bajaste al mundo en el río de la vida y al fin te paraste en mi corazón…”. (De su obra La Luna Nueva).
Hay libros para todos los gustos. Pudimos haber incluído un pequeño párrafo de una novela de terror, como Drácula, de Bram Stoker, cuya narrativa te hace temblar de miedo, pero optamos por dejarte el dulce sabor de boca que provoca un texto de Tagore. Alterna la lectura de entretenimiento con lectura de formación; recuerda que nos conviene lograr el equilibrio en la vida.
Así como al menos cinco días por semana tendríamos que dedicar un tiempo para realizar ejercicio físico, sería estupendo que también tuvieras una cita de media hora con algún texto, ya sea impreso, por internet o audiolibro. Saca provecho de manera positiva de la era multimedia que nos tocó vivir. A partir de hoy, selecciona un sillón cómodo, con luz adecuada, con una mesita en la cual puedes colocar una bebida refrescante o un aromático café, y disfruta de un placentero momento de lectura. Felicidades por saber regalarte estos momentos.
PARA PONER EN PRÁCTICA:
1) Decide qué libro vas a empezar a leer, y si no lo tienes en tu biblioteca personal, pídelo prestado o cómpralo,
2) Destina una hora fija para la lectura; se convertirá en un hermoso hábito. Que sea cuando estés tranquilo, sin pendientes.
3) Carga en tu bolso o portafolios un libro o una tablet; hay muchos momentos de espera que se pueden aprovechar.




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